domingo

Historias del Kilómetro 506...


Era muy niño cuando mis padres construyeron nuestra casa, había estado casi 4 meses en el hospital, pero me sentía bien, a la salida del hospital mis padres decidieron ir al terreno donde seria nuestro hogar, era calle empinada, en la cual había varias casas en construcción y terrenos en venta. Mi papá quería que yo pusiera la primera piedra de la casa, con la idea que eso la hiciera indestructible.

La segunda vez que fui a este lugar, estaba en un camión de mudanza, abrazando a mi perro, la calle en poco menos de tres meses presentaba cambios, había unas 15 casas, y muchos niños con los que jugar, en esa época había dos padillas de niños los de abajo y los arriba, la única diferencia era el sitio donde jugábamos. 

Mi madre no le gustaba que estuviera siempre con la pandilla de arriba. Sin embargo, muchas veces no había distinción, en mis escasas escapadas con los de arriba solíamos robar yucas, mangos, y naranjas de la finca de Don Beto, un señor de mala leche, y no lo digo por que vendía leche, si no por su mal humor que presenta… En una de esas ocasiones nos encontrábamos encima de un palo de mangos comiendo, y pensado como nos gastariamos con el dinero de la venta de mangos en la autopista cercana. Cuando se nos acerco un niño rubio, flacucho y pequeño, que siempre llevaba la cara como si se hubiera embarrado manteca de cocina y luego hubiera metido la cabeza en un hueco en la tierra, siempre llevaba una perra blanca detrás, ya en ese entonces era niño impredecible, nos gritó: - Maes viene Beto- en ese momento saltamos del árbol y agarramos los sacos, el niño nos ayudo a subir por la peña los sacos de mango con la mala suerte de que fue él último en saltar el alambre de púas, Don Beto lo agarró del brazo y lo llevó donde la mamá. Desde de mi casa con el corazón en la mano, la boca cerrada y la adrenalina a tope escuche los gritos de su madre, la perra labrado, y el niño llorando.



    En medio del Cerro del Espíritu Santo (Naranjo), del lado de la pista, en el kilómetro 506 de Costa Rica se encuentra San Miguel Oeste, la foto corresponde a una Semana Santa donde tradicionalmente la gente del pueblo visita el cerro….

El tiempo pasó; el niño era ahora sumamente alto, su perra blanca murió, las pandillas se habían fusionado y éramos los nacidos en los años 90… Las drogas y alcohol habían aparecido y era un motivo de reunión casi todos los días…. Ahora le llamaban “Casi 15” alguien le puso ese apodo por que su hermano le decían “La 14”. Mi mamá me tenia prohibido juntarme con cierta gente en los que estaba “Casi 15”. Un tiempo después de la muerte de mi madre, me encontraba con un amigo, que solía visitar, recuerdo que “La quince” pasaba por la calle y mi amigo lo invitó a fumar, cosa para la cual yo no le servía, los tres pasamos la noche jugando Worns, recuerdo que en un momento mi amigo me digo -“La quince” era un mae amable, que le gustaba ayudar a la gente y es un enamorado, y  creo que ese es su problema, bueno y que es drogo- Yo me limite a reir...




Por esa época éramos muy unidos… esa noche acampamos en el cerro, me dejaron botado y subí el cerro caminado en medio de cafetales a media noche, cuando llegue pretendía asustarlos, y lo hice con gritos mientras estaba escondite, les dio tanto miedo que empezaron a disparar al aire, y el que tuvo un ataque de pánico fui yo… “La quince” el más a la derecha de la pantalla.
Desde ese entonces, comencé a percibir “A la quince” como un compa… En una ocasión estaba con él y su primo; y el último le preguntó mientras armaba un cigarro de marihuana- ¿Mae que espera usted de la vida? - La quince le contestó-Di mae pegarme la fiesta, ser un duro, un sicario- El primo le respondió- Mae, pero hacia acaba en la cárcel o muerto- Y él respondió- Son buenos finales.  Yo me tomaba una pacha de Montano en silencio….

Los años nos alejaron a veces me encontraba en las mañanas cuando iba hacia la Universidad y el venía de una fiesta de dos días. Otras mañanas él iba a trabajar recolectando basura y yo venía de la universidad con el sabor a resaca y en mi cabeza  cama de chica con la amanecí.

Ese año desapareció 3 meses, había sido narco en un bunquer en un precario en la capital, cuando lo vi estaba tenía 20 tatuajes, yo tengo uno y le gustaba que se lo enseñará cuando nos topamos en la calle. Y fue en esa clase cuando vi en un mensaje que había aparecido dos tipos descuartizados en las cercanías del túnel Zurquí… Una cabeza en la tierra era su final, después de eso solo hubo un gran silencio, no creo que hubiera entierro y no lo sé… Curiosamente la última vez que lo vi fue en un cementerio. Llevando una caja de otro amigo…

Pude hacer tanto y no lo hice. Tenía un amigo con problemas, y solo me alejaba o me callaba porque era una mala influencia. Si conoce a una persona tan única como “La quince” preguntesé que puedo hacer para ayudar a estas personas, no se aleje, si alguien es diferente comparta, si algo no le parece dígalo, creo que es una manera única de aprender, no alejarse de lo que nos podría hacer daño, si no acercarnos, aprender mutuamente y crecer….



Hasta siempre… Por el 15 y 506, mucho más que números parte de mi corazón....




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